EN MEMORIA DE MANOLO PAZOS.
Hace mucho tiempo recibí una invitación de un compañero de trabajo, a asistir a una reunión. Conocí a un hombre que semejaba a un Ángel, sus ojos cristalinos y de color mar, voz varonil que con su don de gentes explicaba a las mil maravillas las lecciones de esoterismo. Paciencia sin límites, si alguien nuevo llegaba no le importaba volver al principio y de alguna manera eso hacía que se grabaran las lecciones mucho más.
Los sábados por la tarde, lecciones de esoterismo, preguntas y debate. Por la noche, salidas al campo a ver las estrellas.
Los domingos íbamos a trabajar en la restauración de un molino de agua, situado al lado de un río.
Santuario sagrado, así fue convertido, piedra a piedra, nuevo tejado, teja a teja, hacer masa, dos de arena y uno de cemento, pintar de blanco las paredes después de haberlas recebado, limpiar, limpiar y limpiar, acondicionar el exterior y un puente para pasar a la otra orilla del río.
Al final colocar una Virgen de Fátima en una oquedad que ya tenía el molino.
Ya estaba, pero hecho con mucho esfuerzo, tiempo y sacrificio y esto gracias a la constancia de Manolo.
Cierto día unos locos bajitos empezaron a tirarle piedras, no pararon hasta tirar abajo la construcción. Era su forma de llamar la atención, ellos pertenecían a la AA (Asociación Agarimo) dedicada a la educación de niños con problemas en sus familias.
Cada vez que pasábamos cerca de la asociación hacia el molino, mis ojos se entristecían, Manolo que me conocía bien me preguntaba “¿Qué te pasa?” y yo le contestaba “algún día tendremos que dedicarnos a ellos.”
Y así fue, cuando vimos el molino destruido entendimos que ellos reclamaban nuestra atención y empezamos a hacer visitas a “La ciudad de los muchachos”.
Nuestra labor no es que fuera mucho, era una colaboración, un voluntariado que en aquel momento no existía.
Los niños empezaron a revolotear como pajarillos, alguien nuevo venía a visitarlos, a partir de ahí se hicieron representaciones de la vida de Jesús, con video incluido y los niños estaban motivados. Juegos al ajedrez y también ayudarlos a limpiar sus cuartos.
El tiempo fue pasando, nosotros nos casamos, éramos varias parejas, tuvimos nuestros propios hijos y seguimos por el 4º camino, pero Manolo no, él se convirtió en Seminarista, aunque, nunca se decidió a convertirse en cura, quizás algo había que no le convencía del todo. Manolo siguió, hasta que Agarimo se convirtió en su trabajo, visitó varias empresas y consiguió que excedentes de yogures y comida llegara a Agarimo y así consiguió que no faltara nada, los niños estaban muy bien atendidos. Consiguió tener mas socios y con sus aportaciones se hizo una casa grande para los que se convertían en chicos. Hoy en día aquellos niños crecieron y son chicos y chicas a los cuales algunos de ellos Manolo les buscaba trabajo.
Hasta aquí la vida de un Anónimo que nunca quiso reconocimiento ninguno.
Dedicó toda su vida a la asociación y también ayudó al Padre Villa, fundador de este centro que en aquel entonces le había dado una trombosis.
Manolo lo hizo revivir, lo llevaba de viaje y “Neme” (como cariñosamente le llamamos y viene de su nombre Nemesio.) era feliz.
Recuerdo el viaje que hicimos a Andalucía y la Expo 92 en Sevilla.
Y como no recordar que hicimos juntos “el Camino de Santiago” en el año 82, caminamos 64 Km. Seguidos, Coruña-Santiago, terminamos con los pies enyAgados y a mi me cayeron las uñas de los pies, fue una experiencia única, irrepetible.
Recordaré como te gustaba ver la puesta de Sol y también ver amanecer, experimentar combinaciones de sabores tales como mezclar sardinas con carolinas, y lo que te gustaba gastar bromas, a veces pesadas bromas.
Hoy te digo adiós, digo adiós a un seminarista que no llegó a dar el paso pero que su vida fue un claro ejemplo de santidad y dedicación a los niños.
Digo adiós a mi maestro, que seguro me estará esperando al otro lado del río.
Recordaré un sueño que tuve, tu sentado con el puño apoyado en la barbilla , parecías Moisés, cuando llegamos nos dijiste “llevo mucho tiempo esperando por vosotros”.
Espéranos Manolo. Algún día nos encontraremos de nuevo.
miércoles, 2 de mayo de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Hola Rosa!
¿Cómo estás?
Más que un adiós es un "hasta luego".
Es muy bonito lo que he leido, me hubiese gustado conocer a Manolo. Justo cuando dejabas el mensaje en mi blog, yo publicaba un post sobre una despedida.
Un besito.
Clara Belén
Publicar un comentario